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domingo, 12 de diciembre de 2010

No viajes a América sin echarle un vistazo a esto...

Mientras ojeaba el último número (nº 4) de "Aves y naturaleza", la revista estacional de SEO/BirdLife, he descubierto la nueva publicación de BirdLife International sobre áreas importantes para la conservación de las aves en el mundo (IBA en sus siglas inglesas). Esta vez el protagonista es el Nuevo Mundo; en un libro que nos presenta las cerca de 2500 IBAs existentes de Norte a Sur y a todo lo largo y ancho del hemisferio occidental de nuestro planeta. Y lo mejor de todo es que todos los capítulos, cada uno dedicado a un país diferente, están disponibles de manera gratuita en formato electrónico.

Así que ahora ya no tenemos excusa para no organizar unas cuantas visitas ornitológicas bien fundamentadas cada vez que nos desplacemos al otro lado del charco...


Mientras que en España ya vamos por la cuarta revisión de nuestro propio inventario de Áreas Importantes para las Aves (por una vez vamos por delante en algo...), no podemos más que congratularnos de que por fin exista un documento como este dedicado a nuestros hermanos iberoamericanos y sus vecinos angloparlantes (y los pocos francófonos u holandeses).

jueves, 12 de febrero de 2009

Los pinzones de Darwin

Hoy se celebra el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin, uno de los motivos de que este año 2009 haya sido considerado como el Año de Darwin. El otro es que también se rememorará este año el 150 aniversario de la publicación del "Origen de las Especies".

Son numerosas las actividades y homenajes que hoy se realizan en todo el mundo en recordatorio de Darwin. Por eso quería aprovechar este día tan señalado para escribir algo en homenaje a este ilustrísimo científico, que revolucionó la Biología a mediados del siglo XIX, estipulando la Teoría de la Evolución por Selección Natural.

Y dado que somos un grupo ornitológico, ¿qué mejor manera de hacerlo que hablando un poco de aquellos que constituyen uno de los mejores y más conocidos ejemplos evolutivos? Uno que además fue conocido en primera persona por el propio Darwin, los pinzones de las Galápagos o pinzones de Darwin.

Constituyen una subfamilia propia conocida como Geospizinae, y a pesar de su nombre común parecen estar más emparentados con los representantes americanos de los escribanos (Emberizidae) o con los Tanagros (Thraupidae) que con los pinzones euroasiáticos (Fringillidae). Se trata de catorce especies, una de las cuales se encuentra en la Isla de Cocos, mientras que las otras trece ocupan las diferentes islas del archipiélago de las Galápagos. El término pinzones de Darwin fue aplicado por primera vez por Percy Lowe en 1936, y popularizado en 1961 por David Lack gracias a su libro "Darwin's Finches". Su característica más curiosa es la presencia de picos treméndamente diferentes en un grupo tan pequeño y formado por especies tan emparentadas. Por ejemplo, las especies terrestres tienen grandes picos gruesos y fuertes. Por otro lado las especies de los cactus o las arborícolas tienen picos más largos y apuntados. Por último la especie conocida como pinzón mosquitero tiene el pico más fino de todos.


Darwin descubrió a este pequeño grupo de especies con motivo de su viaje alrededor del mundo a bordo del "HMS Beagle" entre 1831 y 1836. No obstante, en un primer momento Darwin no fue consciente de su importancia. De hecho, el consideraba que conformaban un heterogeneo grupo de extraños mirlos, picogordos, chochines y pinzones. Tras su llegada del viaje de cinco años alrededor del mundo, Darwin puso los especímenes recolectados a disposición del famoso ornitólogo inglés John Gould quien, tras unos días de concienzudo estudio, llegó a la conclusión de que se trataba de una serie de especies emparentadas tan peculiares que formaban un grupo enteramente nuevo para la ciencia. También parecía claro que debían estar emparentadas con especies sudamericanas.

Estas conclusiones finalmente llevaron a Darwin a pensar definitivamente en la evolución de las especies a partir de antecesores comunes. De hecho en la segunda edición de su libro "El Viaje del Beagle" dejó caer algunas afirmaciones referentes a estas aves que anticipaban sus ideas sobre Evolución. Veinte años después profundizó bastante más en esta cuestión, en "El Origen de las Especies".


Sobre la característica más sobresaliente de este grupo de aves, sus picos, mucho se ha dicho. Sus diferencias tan marcadas se deben a la existencia de hábitos alimenticios muy diferenciados. Darwin especuló en "El Origen de las Especies" que los colonizadores originales llegaron desde Sudamérica a las islas traidos por el viento y una vez en ellas se produjeron una serie de cambios evolutivos que dieron lugar a modificaciones en las dietas:
<<(La especie inmigrante) estaría indudablemente expuesta a diferentes condiciones en las diferentes islas donde tendría que competir con un diferente conjunto de organismos (...). Entonces, la selección natural probablemente favoreció diferentes variedades en las diferentes islas.>>
Los picos cambiaron a medida que las aves desarrollaban diferentes dietas. Los picos largos y apuntados hicieron a algunas más apropiadas para coger las semillas de los frutos de los cactus. Los picos más cortos y gruesos eran más útiles para comer la semillas del suelo. Y el pico afilado del pinzón mosquitero es el mejor para capturar insectos.

Un equipo de investigadores de Harvard publicó recientemente un estudio que daba las claves moleculares que pudieron ser responsables de la formación de toda esta variedad de picos. La calmodulina es una molécula que regula los genes envueltos en la formación de los picos de los pinzones de Darwin. Esta molécula activa y desactiva ciertas encimas, lo cual desencadena una señal que eventualmente puede potenciar la expresión de ciertos genes en las células responsables de la formación del pico durante la etapa embrionaria. Los investigadores encontraron que los niveles de calmodulina eran notablemente más elevados en los embriones de aquellas especies con picos más largos.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Un paseo por la laurisilva de Caracas

La semana pasada estuve unos días en Venezuela... ¿el motivo? ... Había sido invitado a participar en la I Reunión Paleontológica Internacional sobre el Breal de Orocual para exponer cómo habíamos desarrollado nuestras actividades de divulgación acerca de las investigaciones que realizamos en los yacimientos paleontológicos de Somosaguas. Me lo pasé en grande, y una de las cosas que hice fue darme un paseito por los alrededores del centro de investigación que nos invitó (Centro de Ecología, IVIC).

El paseo sólo duró una hora y media pero me dió tiempo a ver unos pájaros de lo más curioso, y a algunos de ellos incluso logré hacerles alguna fotografía decente. Lástima que estuviese nublado porque los colores no se aprecian de la misma manera.


Bueno, empezando por la situación geográfica, el paseo tuvo lugar a unos 1500 metros de altitud sobre el nivel del mar, porque este centro de investigación se situa a unos cuantos kilómetros de Caracas, en las sierras que la rodean. La vegetación dominante es el bosque nublado de montaña... todo verde y plagado de epífitos.

La verdad es que el paseillo empezó de maravilla porque nada más salir empecé viendo uno de los pocos córvidos que hay en Venezuela, y el único que hay en esa zona del país... y todos sabéis que los cuervos y sus parientes son unos de los pájaros que más me gustan. En fín, en este caso se trataba de un grupo familiar de querrequerres (Cyanocorax yncas), una especie de arrendajo tropical que en Venezuela es típico de estos bosques de media y alta montaña. Y podéis ver lo bonito que era el bicho. Así que la mañana se prometía interesante.

Pude ver multitud de pajarillos de pequeño tamaño y movimientos nervisosos que no me dió tiempo a enfocar con la cámara ni casi con los prismáticos. Pero a mitad del camino me encontré con dos cosas que no me esperaba...

En primer lugar, estaba admirando el paisaje de laurisilva que se me presentaba frente a mis ojos y, de repente, se me cruza a menos de 20-30 metros una rapaz de tamaño algo mayor que un ratonero, oscura y se posa justo en el árbol que tengo a mi lado a una altura perfecta para verla a conciencia... por lo menos los 10 segundos que tardó en localizarme y largarse. Pero fue el tiempo suficiente para poder ver cómo desplegaba la cresta típica de tantas águilas selváticas. Una experiencia que espero no olvidar nunca. Por supuesto, no me dió tiempo a hacer foto, ni amago, ni nada... así que para que la veáis aquí os pongo una sacada de internet (cortesía de Kent Nickell). Por cierto, se trataba del águila tirana (Spizaetus tyrannus).

Con eso ya podía dar el día por terminado porque ¿quién pensaría que en poco más de una hora tendría la posibilidad de ver alguna rapaz en condiciones? Pues estaba bastante equivocado, resulta que a los pocos metros (despues de haberme recuperado de la impresión) me topé con la segunda sorpresa de la mañana. Era otro bicharraco que no me imaginaba iba a ver (aunque sí que me habían dicho que había bastantes por los alrededores). En este caso era un perezoso... que como su nombre bien indica no hizo ni el amago de moverse para que le pudiera sacar una foto algo más bonita que lo que podéis ver aquí al lado. Pero bueno... tampoco se puede pedir todo.

Ya despues de eso yo iba flotando en mi pequeña nube y pude ver más aves bonitas. Pero nada tan espectacular. Aunque sí que pude fotografiar a un pájaro que siempre le tendré especial cariño porque fue la primera especie de ave que vi en Sudamérica (dos días antes habíamos estado viendo el yacimiento motivo de la visita, que está en el campo y claro, el bosque seco se acerca hasta el borde y nos inunda con sus sonidos y sus animales). Se trata del cristofué (Pitangus sulfuratus), una especie de papamoscas grandón de la familia de los Tiránidos. Y la verdad es que se comportaba exáctamente como un atrapamoscas de los de acá, utilizando una percha para luego atrapar insectos al vuelo y regresar a su posadero.

Ese mismo primer día, junto a Orocual, también pude disfrutar (mientras supuestamente estaba evaluando la importancia de un yacimiento que con un sólo vistazo se ve que es excepcional) de un pájaro negro y curioso, el garrapatero curtidor (Crotophaga sulcirostris). Y me ha dado muchos quebraderos de cabeza para poder identificarlo en mi guía de aves de Venezuela (Hilty, Gwynne & Tudor) porque como son negros, todos sus congéneres no estaban ilustrados en las láminas a color sino en el interior del libro como dibujos a tinta negra (¡ya me creía que había encontrado una nueva cita para Venezuela Nororiental! jajaja).

Bueno, pues eso es todo lo que pude ver en los cuatro días de que dispuse para estar en Venezuela trabajando con un equipo de paleontólogos muy interesante. Como esperamos que esto se pueda repetir cada año, os iré contando más cosas a medida que vaya aprendiendo sobre la naturaleza venezolana.